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Nutrición personalizada y Apoyo Psicológico

Servicios y tratamientos

Un abordaje integral para alcanzar tus objetivos de forma segura y sostenible

Nuestro programa combina nutrición personalizada, entrenamiento físico y apoyo psicológico, trabajando de manera multidisciplinaria para promover hábitos saludables y mejorar la calidad de vida a largo plazo.

Nutrición personalizada

Creamos planes de alimentación adaptados a las necesidades y objetivos de cada individuo para promover hábitos saludables.
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En Obest, el plan de alimentación se considera un tratamiento médico porque está diseñado como parte de un abordaje integral de la salud y no como una dieta estandarizada orientada solo al descenso de peso.

Cada plan se elabora de manera individualizada a partir de la evaluación clínica, estilo de vida y costumbres del paciente. El objetivo no es únicamente modificar el peso, sino mejorar parámetros metabólicos, prevenir complicaciones y acompañar el tratamiento de distintas patologías asociadas.

A diferencia de las dietas convencionales, que suelen ser generales y temporales, el tratamiento nutricional en Obest forma parte de un seguimiento profesional continuo, con ajustes según la evolución clínica del paciente, priorizando cambios sostenibles, seguros y basados en evidencia científica.

De esta manera, la alimentación se utiliza como una herramienta terapéutica dentro de un enfoque médico interdisciplinario orientado a mejorar la salud a largo plazo.

La adecuación nutricional en pacientes con comorbilidades se realiza a través de un enfoque personalizado y clínicamente supervisado, considerando las necesidades específicas que cada paciente necesita.

En Obest, el plan alimentario se diseña a partir de una evaluación integral que incluye antecedentes médicos, diagnóstico actual, medicación, estudios bioquímicos, composición corporal y hábitos de vida. A partir de esta información, se ajustan los requerimientos energéticos, la distribución de macronutrientes y la selección de alimentos con el objetivo de acompañar el tratamiento médico y mejorar los parámetros metabólicos.

El abordaje nutricional busca no solo favorecer el descenso de peso, sino también optimizar el control de enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión arterial, dislipidemias, resistencia a la insulina o trastornos gastrointestinales, priorizando siempre la seguridad del paciente.

En Obest, la reprogramación de hábitos alimentarios se trabaja desde un enfoque educativo, progresivo y sostenible, evitando modelos basados en la restricción extrema que suelen generar frustración y resultados temporales.

El equipo de nutrición acompaña al paciente a comprender su relación con la alimentación, identificando conductas, rutinas y factores emocionales o ambientales que influyen en sus elecciones diarias. A partir de esta evaluación, se implementan cambios graduales y personalizados que permiten mejorar la calidad de la alimentación sin eliminar grupos de alimentos ni imponer reglas rígidas difíciles de sostener en el tiempo.

El objetivo es desarrollar habilidades prácticas que favorezcan la autonomía del paciente, promoviendo decisiones conscientes, organización alimentaria y una relación más equilibrada con la comida. De esta manera, los hábitos saludables se integran de forma natural a la vida cotidiana, facilitando resultados duraderos y una mejor salud integral.

El seguimiento nutricional cumple un rol fundamental en todas las etapas del tratamiento médico o quirúrgico, ya que permite adaptar la alimentación a los cambios fisiológicos, metabólicos y clínicos que experimenta cada paciente a lo largo del proceso.

En Obest, el acompañamiento nutricional comienza desde la etapa inicial de evaluación y preparación, continúa durante el tratamiento y se mantiene en el período posterior, con el objetivo de favorecer una evolución segura y optimizar los resultados terapéuticos. En los tratamientos quirúrgicos, el seguimiento resulta clave para preparar al organismo antes de la intervención, acompañar la progresión alimentaria posterior en cada fase y prevenir déficits nutricionales o complicaciones.

A través de los controles, el profesional evalúa la tolerancia alimentaria, la composición corporal, los requerimientos nutricionales y la evolución clínica. Este acompañamiento continuo permite sostener cambios saludables, mejorar la recuperación y promover resultados duraderos en la salud y la calidad de vida del paciente.

La educación alimentaria en Obest se aborda como un proceso continuo de aprendizaje y acompañamiento, orientado a que el paciente desarrolle herramientas prácticas que le permitan sostener hábitos saludables a largo plazo.

Más allá de indicar qué comer, el equipo de nutrición trabaja en enseñar a comprender las necesidades del propio cuerpo, interpretar señales de hambre y saciedad, organizar la alimentación diaria y tomar decisiones conscientes en distintos contextos sociales y personales. Este enfoque busca generar autonomía, evitando la dependencia de planes rígidos o temporales.

A través de estrategias progresivas, educación nutricional personalizada y seguimiento profesional, los cambios se incorporan de manera gradual a la vida cotidiana, favoreciendo una relación equilibrada con la alimentación. El objetivo final es que el paciente pueda mantener los resultados obtenidos y cuidar su salud de forma sostenible a lo largo del tiempo.

El equipo de nutrición trabaja en conjunto con el Dr. Lucas Pappalardo (Cirujano) y el resto de los especialistas (Medica clínica, Lic. psicología, Lic. en actividad física), compartiendo objetivos terapéuticos y adaptando la alimentación según el diagnóstico, el tratamiento indicado y la evolución clínica. Esta articulación permite que el plan alimentario acompañe de forma segura intervenciones médicas, tratamientos farmacológicos o procesos quirúrgicos, optimizando los resultados y reduciendo posibles riesgos.

La comunicación interdisciplinaria y el seguimiento continuo favorecen ajustes oportunos en cada etapa del tratamiento, asegurando coherencia entre las distintas estrategias terapéuticas. De esta manera, la alimentación se convierte en un pilar complementario dentro de un enfoque integral que prioriza el bienestar, la adherencia y la mejora sostenida de la calidad de vida del paciente.

Apoyo psicológico

Ofrecemos sesiones de terapia para abordar los aspectos emocionales de la alimentación y el peso, facilitando cambios positivos en la mentalidad y el comportamiento.

La psicología cumple un rol central porque la obesidad no puede pensarse solo desde lo metabólico o nutricional, sino también desde la historia subjetiva de cada paciente.

Desde una mirada psicoanalítica, el síntoma alimentario no se reduce a una falta de voluntad, sino que muchas veces expresa modos de tramitar angustias, vacíos, duelos, desregulaciones emocionales o conflictos vinculares.

A su vez, desde la teoría del apego, sabemos que los primeros vínculos modelan la capacidad de autorregulación, de pedir ayuda y de diferenciar necesidades emocionales de necesidades fisiológicas.

Por eso, el trabajo psicológico no reemplaza al tratamiento médico, sino que lo potencia, ayudando a comprender qué función cumple la comida en la economía psíquica del paciente y favoreciendo cambios más sostenibles.

Las barreras emocionales se abordan primero tratando de comprenderlas, no de combatirlas de manera punitiva.

Muchas veces, detrás de la dificultad para sostener indicaciones aparecen ansiedad, frustración, impulsividad, autoexigencia, vergüenza, desamparo o historias tempranas marcadas por respuestas poco sensibles del entorno.

Desde el psicoanálisis, se trabaja sobre el sentido singular de esas resistencias; desde el apego, sobre cómo ciertas modalidades vinculares inseguras pueden dificultar la constancia, la confianza en el otro o la posibilidad de tolerar esperas y límites sin vivenciarlos como amenaza.

El tratamiento psicológico ofrece un espacio donde esas trabas pueden ser pensadas, simbolizadas y transformadas, favoreciendo una adherencia más realista, menos basada en el ideal y más ligada al cuidado.

Se trabaja en principio en la identificación de los disparadores: no solo qué se come, sino en qué momentos, frente a qué emociones, en qué escenas vinculares y con qué vivencias internas.

El hambre emocional suele aparecer asociada a estados de vacío, soledad, cansancio psíquico, estrés o desborde afectivo.

Desde esta perspectiva, una herramienta clave es ayudar al paciente a diferenciar hambre fisiológica de necesidad emocional, poniendo palabras donde antes había actuación.

También se promueve la construcción de recursos de autorregulación: registrar señales internas, anticipar situaciones de vulnerabilidad, ordenar rutinas, revisar la disponibilidad de alimentos en el entorno y construir alternativas posibles al uso de la comida como descarga o consuelo.

No se trata solo de controlar el ambiente, sino de comprender qué del ambiente activa viejos modos de regulación.

Los cambios físicos y metabólicos no siempre se viven con alivio inmediato; muchas veces generan extrañeza, ansiedad e incluso desorganización subjetiva.

El cuerpo cambia más rápido que la imagen corporal y más rápido también que ciertos aspectos de la identidad.

Desde el abordaje psicoanalítico, acompañar estos procesos implica ofrecer un espacio para elaborar lo que se pierde, lo que se gana y lo que se reactiva con el cambio.

Desde el apego, también observamos que ciertas transformaciones pueden despertar inseguridades profundas: miedo a ser visto, a decepcionar, a no sostener el cambio o a quedar sin un recurso regulador conocido como era la comida.

El acompañamiento psicológico ayuda a metabolizar emocionalmente estos movimientos, evitando que el cambio corporal quede desligado de una verdadera apropiación subjetiva.

Se trabaja favoreciendo que el paciente no quede reducido ni a su peso ni al descenso de peso como única fuente de valor personal.

Muchas personas han organizado durante años su identidad alrededor del rechazo, la vergüenza, la autoobservación crítica o el sentimiento de falla.

Cuando el cuerpo cambia, también se conmueven esas identificaciones. Desde el psicoanálisis, esto implica revisar las marcas simbólicas que cada sujeto porta respecto de su imagen, su deseo, su lugar en los vínculos y su historia.

Desde la teoría del apego, se busca fortalecer una experiencia interna más segura, menos dependiente de la aprobación externa y más ligada al autocuidado.

La construcción de una nueva identidad no consiste en “ser otra persona”, sino en poder habitar el propio cuerpo con mayor integración, reconocimiento y amabilidad.

Porque la reganancia no suele explicarse solo por una cuestión de conducta alimentaria, sino también por factores emocionales, vinculares y psíquicos que, si no fueron trabajados, tienden a reaparecer.

Cuando la comida ha funcionado durante años como calmante, defensa, compañía o regulación frente a la angustia, retirar ese recurso sin construir otros puede dejar al paciente en situación de fragilidad.

El soporte psicoterapéutico permite detectar precozmente momentos de riesgo, elaborar frustraciones, prevenir lógicas de todo o nada y sostener procesos de cambio que inevitablemente atraviesan altibajos.

Desde el apego, además, un vínculo terapéutico consistente puede ofrecer una experiencia reparadora de sostén y regulación, que favorezca la internalización de recursos más estables.

Prevenir la reganancia no es solo evitar kilos recuperados: es ayudar a que el paciente pueda sostener en el tiempo una transformación subjetiva y no únicamente corporal.

Entrenamiento personalizado

Diseñamos rutinas de ejercicio ajustadas a las capacidades y preferencias de cada persona, promoviendo un
estilo de vida activo.

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